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Desde hace diez años recorre el país contando sus historias. Hasta hace bien poco lo hacía junto a Pablo Albo, el otro trozo de los Albo. Ahora lo hace solo, llevando todo lo aprendido con y de su compañero.
Cuenta mirando a los ojos de quienes le escuchan. No lo sabe hacer de otra manera.
A pesar de su barba es buena persona y, con tan sólo la palabra, suele llevar a su público acariciando un sinfin de emociones, de la mano siempre, de la mejor de las sonrisas. |
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Desde que convirtió contar en su profesión, ha recorrido las miradas de niños, niñas, jóvenes, personas adultas e incluso más mayores. Personas de un montón de pueblos y rincones de nuestra geografía.
Su voz se ha escuchado en un montón de espacios que reunían las condiciones para ello: bibliotecas, casas de cultura, bares, centros de primaria, de secundaria, de adultos, universidades, centros de profesores, plazas, museos, salones de actos, teatros y una larga lista de lugares donde con la palabra y la escucha aumentaron sin duda el encanto que ya poseían. |